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lunes, 2 de junio de 2008

Tengo miedo....

Tengo miedo. A veces es un miedo sordo, contínuo; un compañero de viaje íntimo y desolador, del que no puedes escapar. A veces es un miedo agudo, inmediato, ansioso, que te aplasta y te consume.
Al principio fue el miedo a la muerte de mi mujer, a la horfandad de mis hijos; luego, miedo al dolor y al sufrimiento innecesario, inútil. Miedo al dolor inmediato de las pruebas. Miedo a las secuelas, al avance del cáncer, miedo a la incertidumbre. Miedo a las recaídas, a las recidivas.

Y ahora tengo miedo, un miedo tremendo a no estar a la altura, a no ser capaz de soportar la presión, a no poder adaptarme a los cambios; miedo a huir. A intentar escapar. Miedo de despertarme un día pensando que ésta no es mi vida; que no me la merezco...Que si ella no puede por qué yo no...
El miedo se subió conmigo en el coche el primer día, y desde entonces me acompaña, más o menos visible, pero siempre presente. A veces es un miedo compartido, y a veces es un miedo en solitario, oculto, como una suerte de onanismo, involuntario, pero puntual y cierto.

domingo, 25 de mayo de 2008

Nada vuelve a ser lo mismo...

Desde ese momento, nada volvió a ser lo mismo. Toda la rutina, toda tu seguridad, todo tu ser sufren un vuelco, se trastocan, se desubican. Solo se vive para las pruebas, las citas médicas, los resultados y los tratamientos. Intentas hacerte una idea de lo que se te viene encima, intentas calcular el tiempo que va a durar todo, como un intento de controlar algo, pero es inútil...Pocas cosas puedes controlar. Una de las pocas cosas que por suerte pudimos controlar era el entorno en la casa. Los niños. Cómo se lo decimos...Les contamos que su madre estaba enferma, que necesitaría ir todos los día al hospital, que había días que se quedaría ingresada, que así estaríamos bastante tiempo...Hasta que un día, uno de ellos pregunta "...¿mamá...eso que tú tienes es eso que dicen del cáncer?" "Si, hija, si...éso es." "Y... ¿te vás a curar?" "Pues claro..."

Luego intentas recuperar "algo" de rutina...los deberes del colegio, no estar todo el día en la cama... disimular...sobre todo disimular el agotamiento, la desesperanza, las lágrimas, el miedo...la angustia que se acuesta a tu lado todos los días, y que se levanta contigo, mordiéndote el alma y las tripas...